Flujo

Tengo dos hermanos que se la pasan dándome opiniones y hasta hace poco sermones, pero ahora tengo 22 años y ellos no tienen mucho que “aconsejarme”. Se quedan en la parte de la opinión.

Pensar en eso me recordó cuando la opinión de mi hermano era muy importante para mí. Prácticamente no podía hacer nada sin preguntarle primero, y ahora (supongo que) piensa que tomo malas decisiones, pero lo que creo que no se ha dado cuenta es que la que para él es una mala decisión para mí puede no serlo y finalmente a mí me corresponde tomarla.

Es como juzgar arte, creo: cualquiera puede creerse crítico pero no todos saben lo que hizo el artista para lograr su creación y el significado que su obra tiene, así mismo como los beneficios que le trae a una persona un producto siendo que tal vez a otra no. Y entonces, dependiendo del punto de vista de cada uno obtenemos estas distintas opiniones.

Me llegó el día ya hace tiempo en que tuve que aprender a tomar las opiniones como lo que son: opiniones y nada más. Sólo yo puedo darme cuenta de lo que es útil, benéfico, “bueno” o “malo” para mí, pues yo soy el único que tiene mis circunstancias específicas, aún cuando alguien más las conozca yo sigo siendo el que las tiene, el que las siente, a mi propia forma de hacerlo.

Dejé ir esa dependencia de la opinión de mi hermano, pues sus ideas a veces no me parecen correctas (al igual que a él las mías) y entonces siento la empatía con él por creer que mis decisiones son “malas”.

Dejemos que cada quién haga lo que tenga y quiera hacer.

Es una tristeza que a estas alturas intenten (consciente o inconscientemente) hacerme sentir mal de mis decisiones, pues son mías y sólo mías para disfrutar o arrepentirme.